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Debo a la generosidad de Jaime y Patricia de Althaus un gran regalo de
cumpleaños: el libro "La tierra es plana" de Thomas L. Friedman
(periodista de The New York Times y ganador de tres premios Pulitzer;
es decir, dos más que Andrés Oppenheimer), un apasionante repaso
liberal de la globalización y sus consecuencias.
Friedman explica el título de su obra recordando que el mundo moderno
carece de perspectivas etnocentristas a la búsqueda de rutas
geográficas que demuestren su redondez, como fue el caso de Cristóbal
Colón en el medioevo. Hoy la competencia capitalista ha nivelado el
terreno y hace, por ejemplo, que la India le dispute a los Estados
Unidos la primacía del conocimiento científico y el desarrollo
tecnológico. En este sentido, el globo se "aplanó".
¿Qué fuerzas contribuyeron a ello? La primera, sin duda, la caída del
Muro de Berlín, cuyo 17° aniversario conmemoraremos este jueves 9 de
noviembre. Uno de los acontecimientos más relevantes del último cuarto
de siglo que simboliza el inicio de un periodo de libertad para varias
naciones europeas, antes sometidas a la égida soviética.
El Muro de Berlín no sólo representó el límite gendarme impuesto por
el totalitarismo comunista a una parte de la Alemania devastada
material y moralmente por la guerra nazi. Significó también la
expresión de un vergonzoso contrasentido a una Europa que entonces ya
caminaba hacia la integración continental, gracias al impulso
visionario del ministro francés Robert Schuman.
Dos presidentes de los Estados Unidos atacaron la raigambre indigna
del muro desde sus orillas occidentales: primero John Kennedy, el año
1963, proclamándose berlinés ante los propios. Y luego Ronald Reagan
el año 1987, señalando que "cada hombre es un berlinés contemplando
una herida" y demandando al jerarca ruso Mijail Gorbachov derribarlo.
Es por todo ello que lacera el mínimo sentido común la firma estampada
por George W. Bush a la ley que manda levantar un muro de contención a
los inmigrantes latinos en la frontera con México. Muro que tiene un
presupuesto de 7 mil millones de dólares y – al decir de Mario Vargas
Llosa – sólo busca atender el apetito de triunfo de los republicanos
en las elecciones legislativas del martes 7 de noviembre.
Ojalá ese día caiga un muro del repudio sobre la testa de Bush hijo y
sus adláteres partidarios que fletaron este nuevo insulto a la
condición humana.
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