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No es un triunfo del ministro de Economía, Luis Carranza, haber logrado que el gobierno al cual pertenece flexibilice los controles sólo a los pequeños proyectos de inversión regional. Tampoco que su cacareada renuncia – filtrada a los medios de prensa por ayayeros del MEF - haya alimentado la imagen de un Alan García devastado ante la inminencia de su alejamiento.
Todo ha sido al revés. Carranza sucumbió al sopapo de una realidad que le exigía menos ortodoxia hacendaria y más compromiso con las urgencias sociales. El ministro tiene nueve meses calentando un asiento del Ejecutivo y hasta la fecha se ha esperado con enorme paciencia que su despacho arme una plataforma centrífuga de los ingentes recursos depositados en las arcas fiscales. Plataforma llamada a subsanar de manera rápida las deficiencias detectadas hace tiempo en el SNIP.
Lejos de ello, el MEF se entrampó en su rol de cajero aguafiestas que se limita a evitar el dispendio. También a echar barro sobre las unidades ejecutoras, culpándolas de no sumar a sus filas profesionales idóneos para la calificación de los proyectos.
Hemos dicho que, junto a la capacidad de gerencia de esas unidades, eran necesarios otros dos componentes: la voluntad política y la simplificación de los largos procedimientos administrativos para las propuestas de obras. García tuvo que graficar este drama burocrático mediante un extenso papelote mostrado en Palacio.
Es Carranza entonces el que ha bajado la cabeza ante la argumentación lógica de García. Sin embargo, su posición no queda tan resentida frente al conjunto ciudadano (la imagen de seriedad e independencia lo ayudan) como sí en el núcleo de su entorno ultraliberal, propulsores de la amenaza de su renuncia.
Carranza soporta una enorme presión dentro del MEF para hacer fracasar toda clase de iniciativa de inversión pública. Sus amigos quieren demostrar que el Estado no sirve en ese rubro y que es hora de abrir todo a las concesiones privadas. En este terreno, colisionan con la filosofía socialdemócrata del Gobierno; los amigos de Carranza no quieren a García ni a su modelo. Siempre tengamos presente esta variable. (cesarcamposlima@yahoo.com)
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