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             Columnistas
Bases para un diálogo 19 Julio, 2007
Es un lugar común en nuestro país que las paralizaciones o huelgas laborales, vengan acompañadas de medidas violentas, llamativas o radicales, cuyas nocivas consecuencias luego hace pedir a sus promotores que se les exonere de la respectiva sanción prevista por la ley. Es más – como pasa ahora con el SUTEP – se convierten en arma de negociación para abrir espacios de diálogo con las autoridades.

Los tiempos evolucionan hacia el mayor respeto a las reglas del juego civilizado y esa maldita costumbre no tiene por qué constituirse en norma tácita y universal. Ha hecho bien el Ministerio del Interior en autorizar a su procuraduría iniciar acciones legales contra los implicados en atestados policiales por presunta comisión de delitos en actos de violencia ocurridos en diversas ciudades del país. Y también ha procedido correctamente la misma Fiscalía de la Nación al impulsar más de cien procesos penales contra los vándalos.

Las acciones contra el orden público (toma de carreteras, aeropuertos o instituciones; bloqueo de vías férreas, agresiones a otros ciudadanos) jamás pueden ser negociadas. Establecen un precedente negativo para la afirmación del imperio legal y conceden legitimidad a la anarquía. Paris 68 o Tian'anmen 89 tuvieron la épica de la movilización; jamás el triste pergamino de destruir el Louvre, tomar la Torre Eiffel, bloquear el acceso a la Gran Muralla o a la Ciudad Prohibida.

Describimos a la responsabilidad social como un imperativo ético de los agentes de poder público y de poder privado, para que su tarea ayude a reducir la dimensión de los conflictos sociales, promoviendo soluciones consensuadas bajo términos razonables.

Las "soluciones consensuadas" implican cinco requisitos: acercamiento entre las partes, voluntad de acuerdo, identificación de los focos de tensión (preferencias, deseos, fines y propósitos de ambos lados), selección de prioridades y mecanismos de solución, acuerdo y sostenimiento del acuerdo. Y "términos razonables" otros cuatro: respeto a la dignidad, señalamiento de metas, compromisos viables y predicción de contingencias.

Todo lo que sea ajeno a este marco, no puede constituir una base para el diálogo. Nadie conversa con una pistola encima de la cabeza o sobre imposibles. Tomémoslo en cuenta. ( cesarcamposlima@yahoo.com)
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