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             Columnistas
Prensa y desgracia20 Agosto, 2007
En cualquier parte del mundo, una tragedia como el terremoto del miércoles 15 promueve un espíritu de cohesión nacional y salda por un periodo estimable las diferencias o los enconos, hasta revertir primariamente los efectos de la catástrofe. En cualquier parte, claro está, menos en el Perú, país donde las grandes manifestaciones solidarias conviven con las mezquinas.

Nunca como ahora ha surgido una enorme gama de sabiduría para actuar frente a los desastres. Sabiduría que propone livianamente pero grita, reclama y denuncia, creyendo tener la misma legitimidad de quienes lo hacen por su status de damnificado. Si en estas circunstancias todos gritamos, la voz de quienes están llamados a satisfacer las necesidades de nuestros compatriotas del sur chico y de varias zonas de Huancavelica jamás podrá ser escuchada.

Nadie se ha cruzado de brazos ante tamaña desgracia. Ni el gobierno central ni los regionales y municipales. Tampoco la iglesia, el sector privado, la comunidad internacional, los peruanos que viven en el exterior. Podría decirse a estas alturas que la ayuda para los afectados es ingente y que su canalización está planificada. También que los proyectos para la segunda etapa, la de reconstrucción, obran en la mesa de las autoridades y habrán de ejecutarse en periodos de mediano plazo. Así se levantó Huaraz luego del terremoto de 1970. Así trasladó su ubicación geográfica Yungay, la perla del ande ancashino arrasada por un aluvión.

Es un imperativo que la prensa nacional (especialmente la TV), dentro del margen de la irrestricta libertad que la preserva, realice pronto un examen autocrítico de ciertos contenidos de información suscitados en los últimos días que francamente avergüenza nuestro oficio.

Lejos de contribuir a la focalización de los problemas fundamentales derivados del evento telúrico, abonar al reencuentro de familias distanciadas por las brumas del servicio de telecomunicación y dar cuenta estricta de la enorme movilización de apoyo a favor de las víctimas, hubo periodistas que compitieron por azuzar las miserias de la tragedia y debilitar el eje de autoridad frente a la misma.

Todos saben a qué y quiénes nos referimos; ya habrá espacio para señalar específicamente cada caso. Es hora que la fuerza ciudadana también ponga en su sitio a la prensa fortalecida en los charcos de la desgracia. (cesarcamposlima@yahoo.com)
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