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Los conflictos históricos de la prensa y el poder en el Perú, tienen rasgos de intensidad muy disímiles según la naturaleza de las materias que los enfrenta. A lo largo de nuestra vida republicana – desde que la Constitución de 1823 estableció el principio de la Libertad de Imprenta, ya consagrado por las Cortes de Cádiz de 1812 – esos conflictos han oscilado entre la imposición de la censura ejercida por gobiernos generalmente de corte dictatorial y la abusiva manipulación de las informaciones a cargo de medios que protegen su derecho a expresar cuanto les plazca a costa del orden democrático.
Al paso del tiempo, el enunciado de la libertad de expresión se ha visto fortalecido en la gran mayoría de naciones regidas por el estado de Derecho. Sin embargo, ocurre que muchos lo entendieron como un valor casi intrínseco e intransferible de los medios de prensa y menguó su aproximación al ciudadano común y corriente (muchas veces, víctima de los intereses de la prensa mezclada a los negocios privados) y de los mismos operadores del poder político, bajo la suposición que estos siempre tienen a la manos las armas para acallar, chantajear o amedrentar a la prensa libre.
¿Dónde y cómo se defiende un ciudadano de la mancha indeleble de un titular escandaloso o una información sesgada y dirigida? ¿Debe entenderse como algo natural y cotidiano que todo funcionario público deba estar bajo lupas de sospecha sin que se culmine a veces una investigación sobre su desempeño? ¿Alienta ello que las personas capaces accedan a la burocracia o más bien la repudien por miedo a ser pasto de la voracidad de una prensa que se precia de ser "irreverente" con el poder?
Nada justifica, es cierto, los cierres arbitrarios de los medios; pero que tampoco haya tantas rasgadas de vestiduras por el simple reclamo de los voceros políticos frente a lo que consideran el cercenamiento de su libertad de expresión. Ésta libertad – reconozcámoslo – se encuentra en crisis en el Perú; particularmente, la de los medios y periodistas que aparecen en todas las encuestas por debajo de la media de credibilidad. Es un hecho mondo y lirondo que debe revertirse con más equilibrios informativos y menos intereses subalternos. ( cesarcamposlima@yahoo.com)
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