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A propósito de las quejas del presidente Alan García contra las "malas noticias" y los "pájaros de mal agüero", es bueno poner el ojo a la naturaleza y dimensión que han cobrado las tensiones entre los políticos y la prensa en esta parte del hemisferio. La tolerancia democrática anda relajada porque bajo el pretexto de la libre expresión, la verdad sigue siendo la primera víctima de una guerra cruenta por los altos índices de sintonía o tirajes, y también por objetivos ulteriores de sospechosa factura.
Quizás el caso más significativo de los últimos días lo representa la situación del periodista Gonzalo Guillén, corresponsal de The Miami Herald en Colombia, quien fue acusado de "infame y mentiroso" por el siempre ecuánime presidente de este país, Alvaro Uribe, por haberlo vinculado con el extinto narcotraficante Pablo Escobar en el libro de otra autora. Guillén señala recibir amenazas de los paramilitares de derecha desde el mes de abril y decidió abandonar Bogotá en vista que le fue retirada la protección policial.
Como era de esperarse, algunas organizaciones defensoras de la libertad de prensa a nivel internacional sacaron cara por Guillén y señalaron que el gobierno de Colombia perpetraba un retroceso en esa materia. Por su parte, Uribe ha dicho que Guillén "ha sido una persona persistente en tratar de maltratarme y cuando no puede en el país se va a hacerlo en el extranjero".
La investigación primaria sobre esa relación conflictiva determina que, en efecto, Guillén ha venido jaqueando informativamente a Uribe con una vehemencia cainita. El asunto supera la anécdota periodística porque los reportajes y crónicas del corresponsal han permitido a diversas organizaciones de derechos humanos influir en el Capitolio para que Colombia – el principal aliado de los Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico y cuyo gobierno enfrenta decididamente a la guerrilla – se constituya en la Cenicienta de los TLC a punto de aprobarse a favor de Perú y Panamá. Es decir, corre el inminente peligro de verse postergado de este acuerdo comercial.
¿Quién o quiénes investigarán a Guillén para dilucidar si sus intereses, nexos, aprensiones o simples fobias, abonaron este cuadro que perjudica el bienestar de toda una nación? camcesar@gmail.com
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