Jamás llegué a entender el cargamontón mediático que se hizo contra Beatriz Llanos Cabanillas cuando en setiembre del año 2006 fue designada como integrante del directorio de TV Perú, el canal del Estado. Beatriz no sólo era a la fecha un extraordinaria y reconocida periodista, sino también una destacadísima mujer de leyes con una maestría internacional a cuestas.
¿Su delito? Ser la hija de Mercedes Cabanillas, presidenta del Congreso de cuyo portafolio no dependía un milímetro su nombramiento. Ante la inusual y a veces perversa campaña de esos días, Beatriz declinó el encargo oficial y partió hacia Europa en pos de un doctorado. Desde mi base de conductor eventual de un espacio periodístico de TV Perú, hasta ahora lamento habernos privado de su inteligencia e imaginación que, sin duda, hubiera plasmado interesantes proyectos en el Consejo Directivo.
¿Por qué – me sigo preguntando, como lo hizo en su oportunidad Cecilia Blume – nadie había promovido semejante algarada pocos años antes cuando Eduardo Bruce presidía el mismo canal 7 y su hermano Carlos era ministro de Vivienda? ¿Y por qué no hubo tampoco las mismas pataletas frente a la designación de Alfredo Ferrero como ministro de Comercio exterior al momento que su tío Carlos Ferrero presidía el Parlamento nacional?
La respuesta es que al otro lado de la orilla política – es decir, la oposición – no existían las miserias que hoy afloran como conejos de una galera. Porque en todas partes se entendía que dichos parentescos no anulaban las capacidades y especialidades de cada cual como para aprovecharlas a favor del Estado. Era como verse en el espejo ejemplar del presidente John Kennedy nombrando a su hermano Robert Procurador de Justicia de los Estados Unidos, apenas asumió el mando de la nación más poderosa de la tierra en enero de 1960 y a ningún norteamericano se le ocurrió hablar de nepotismo.
Valga este enfoque ante las nuevas miserias encendidas hoy contra el premier Jorge del Castillo y el tema de la publicidad estatal para RBC TV, donde hasta ayer laboraba su hijo Miguel. La renuncia de éste al canal de Ricardo Belmont es un gesto digno pero otorga un hándicap desproporcionado a la jauría canalla que se agrupa detrás de los cañones del muladar público. (cesarcamposlima@yahoo.com)
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