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             Columnistas
Álvaro siempre 27 mayo, 2008
No retengo en la memoria el año exacto que lo conocí pero abrigo la certeza de nuestra veloz empatía desde el momento que cruzamos algunas palabras. Álvaro Rojas Samanez era un periodista consagrado y yo apenas un bisoño cronista político con asiento en la otrora cabina de prensa ubicada en el hemiciclo de la Cámara de Diputados.

Ejercía su segundo periodo gubernamental el arquitecto Fernando Belaunde, a quien Álvaro había seguido en su campaña para la revista Caretas. Fue en ese tiempo que sorprendió a muchos con dos acciones impactantes: el uso de una computadora personal para sus trabajos (cuando casi todos fichábamos y tecleábamos las máquinas Olympia) y la publicación de un libro sobre los partidos políticos, el manual y registro de las agrupaciones que tentaron el poder a lo largo de nuestra historia republicana.

En esa esfera de gran connotación lo saludé por primera vez en un seminario sobre política exterior para periodistas organizado por nuestra cancillería. Oficiaron de intermediarios Pedro Planas y Hugo Guerra. Su versación no rendía la modestia del trato y la curiosidad por extraer opiniones variadas en torno al momento político. Desde allí no dejamos de ser amigos con gran ventaja para mí al convertirme en destinatario habitual de las nuevas ediciones de su obra cumbre.

Luego, Manuel D'Ornellas lo convenció para que sea columnista del diario EXPRESO. Rojas Samanez no sólo analizaba y comentaba con sapiencia, sino que destilaba una ponderación escasamente manifiesta en esos años de terrorismo, inflación, estatizaciones y mucho encono. Su último libro, "La Frustración Nacional. La ley, los partidos, los políticos", constituye una profunda vivisección de la decadente realidad de nuestra política pero también una apuesta por la reconstrucción de las instituciones democráticas.

Ayer lo vi morir. Vi su rostro constreñido por el brutal y repentino infarto. Vi silenciadas las únicas armas con las que solía disparar a sus interlocutores: la reflexión y el aporte. Sin embargo, Álvaro camina todavía por el derrotero de una inteligencia que vivirá siempre en su obra escrita, en sus palabras cantadas con dejo arequipeño y en el rincón intangible de nuestros mejores recuerdos. Te abrazo amigo estimado, aquí y en la eternidad. (cesarcamposlima@yahoo.com)
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