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El Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush ha dicho bien que los centros de Educación, en todos los niveles, deben ser santuarios del aprendizaje. Ha dicho también, a propósito de las 33 muertes inexplicables en la Universidad Virginia Tech, que junto a su esposa Laura, “ora por las victimas y sus familiares para que encuentren resignación”.
La Presidenta de la Cámara de Representantes, la Demócrata Nancy Pelosi, pidió se guarde un minuto de silencio en memoria de los estudiantes asesinados en la peor masacre de la historia estudiantil de los Estados Unidos.
Pero, en realidad, al menos treinta y dos (uno de los muertos seria el asesino) de esas treinta tres familias, además del dolor y la rabia que los embarga por la irracional forma de morir de sus, hijos, hermanos, nietos, exigen explicaciones sobre la violencia que crece, cada día mas, en una nación en la que la seguridad, aparece como la prioridad más importante entre quienes gobiernan y entre quienes hacen las leyes.
Desde 1992 hasta esta última matanza en la Universidad Virginia Tech, cuya población estudiantil es 26 mil alumnos, se han registrado mas de 25 tragedias en centros educativos que van desde la escuela elemental hasta las escuelas de educación superior.
La mayoría de ellas, cometidas por desquiciados portando armas o por otros estudiantes también portando armas de fuego. El 20 de enero de este año un alumno de 16 años acuchillo a otro en un pasillo de una escuela secundaria en Massachussets. En octubre del 2006 un hombre irrumpe en la comunidad religiosa de los Amish en Pensylvania y mata a cinco niñas a tiros y luego se suicida. En setiembre del mismo año, en Denver, Colorado otro sujeto toma como rehenes a seis niñas, viola a una de ellas y luego se mata. En el 2005, un estudiante de 17 años en Minessota mata a diez en escuela de reserva india. Previamente había asesinado a sus dos abuelos. Meses antes en la Florida un alumno es degollado por otro estudiante.
La lista parece interminable y cada vez los actos de sangre en comunidades estudiantiles son más horrorosos y traumáticos dentro de los Estados Unidos. Qué está sucediendo en esta sociedad nos preguntamos todos. Tiene que ver con una sociedad “adicta a portar armas”, tiene que ver con que en algunos estados, la adquisición de armas de fuego puede realizarse incluso vía Internet, sin mayores verificaciones? Es que la crisis familiar provoca una mayor violencia en contra de la propia sociedad ¿Es ésta una sociedad enferma por la guerra, las armas, por la soledad del individuo?
No tenemos respuestas pero sí seguiremos preguntándonos por qué inocentes tienen que partir antes de tiempo, por qué un demente, un asesino, un terrorista acaba con el futuro de una treintena de familias arrancándoles lo más preciado, en un abrir y cerrar de ojos, Por qué, Por qué, Por qué?
Esperaremos los resultados finales de las investigaciones sobre lo ocurrido en este campus universitario, donde hace solo dos semanas hubo dos amenazas de bomba y en agosto último se registraron dos muertes más. Esto solo arrojará, quién fue el asesino, y quizá, cual podría ser el “leiv motiv” de la tremenda masacre. Pero nada, ni nadie, le devolverá la vida a los treinta y dos alumnos “que se fueron” cuando asistían a su aula, sin siquiera poder preguntar Por qué.
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