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Es verdad que las armas de fuego por si solas no matan, tienen que haber alguien que apriete el gatillo. Pero es verdad también que el ser humano, un animal racional, a diferencia de los animales irracionales, no mata para solo para comer o para que sobreviva la especie, mata, por sobre todas las cosas, para eliminar todo lo que llega a ser un obstáculo para lograr el poder , en cualquiera de sus formas.
En las dos ultimas semanas a propósito de la masacre en la Universidad de Virginia Tech, hemos comentado sobre la necesidad de que cambien las leyes en los Estados Unidos para que sea mas difícil el acceso de cualquier “mortal” a un arma de fuego, sin embargo creemos también, que ni las leyes van a cambiar mucho y mucho menos va a cambiar la segunda enmienda de la Constitución en la que se garantiza el derecho a portarlas.
Pero el asunto de las muertes causadas por armas de fuego no solo es un tema de la legislación y la cultura pro armas de los Estados Unidos, ni tampoco es un asunto de la permisividad en la venta legal de las armas. Mientras escribo estas líneas, en el mundo están muriendo alrededor de mil personas por armas de fuego y tres mil están resultando heridas.
La parte del planeta donde se producen más homicidios por armas de fuego es precisamente América Latina. Por ejemplo en la Argentina, las armas de fuego son la causa número dos de muertes y en el 2004 fue la causa número uno.
Aunque en muchos países de Latinoamérica esta regulada la tenencia de armas la pregunta siguiente es como se arman. La respuesta es inmediata, existe un efectivísimo mercado negro, que no tiene reglas por supuesto. La única regla que existe es “el todo vale”. En Buenos Aires, Lima, Rió de Janeiro o cualquier otra capital Latinoamericana, es perfectamente factible comprar armas a 40, 50 ,60 dólares. Depende del mercado” y por supuesto de la necesidad del eventual cliente”.
En nuestro país, donde incluso puede ser más barato comprar una pistola, se ha descubierto en varias oportunidades que incluso hay bandas conformadas por efectivos o ex efectivos de los propios cuerpos de seguridad que facilitan la venta de armas en el mercado negro.
En Brasil el 90 por ciento de las armas están en manos particulares y el año pasado murieron 36 mil personas por arma de fuego. Un dato final en los últimos 15 anos en América Latina más de 2,700 millones de dólares en armas solo para particulares. Todo un negocio redondo.
En conclusión, la oferta existe, legal o ilegalmente. La demanda existe, legal o ilegalmente. La pregunta es, habrá alguna voluntad política en el mundo que quiera y pueda controlar a los intermediarios de la muerte?
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