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Y al tercer día resucitó entre los muertos. No nos referiremos, por supuesto, a Nuestro Señor Jesucristo, sino a la Reforma inmigratoria que “había vuelto a fallecer”, la semana pasada en el Senado Norteamericano, tras la incapacidad de ambos partidos políticos de buscar que las posiciones extremas, se acerquen un poquito, solo un poquito.
Pareciera que el Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, en un intento desesperado, sigue en el empeño de buscar “la ayuda divina” para lograr lo que podría convertirse en su “único gran acierto domestico”. Una ley que intente resolver el enorme problema de los millones y millones de inmigrantes indocumentados que actualmente viven, trabajan, comen y pagan impuestos en los Estados Unidos.
Para ello, tomando la iniciativa, y “prácticamente” bajando del ONE FORCE (avión presidencial) que lo trajo de regreso de Europa tras la cumbre con el Grupo de los 8, se dirigió al Capitolio para intentar convencer a uno por uno de sus copartidarios, de que, es necesario “no dejar pasar esta oportunidad” para aprobar una ley que Reforme el sistema de inmigración a los Estados Unidos.
La tarea es sumamente compleja porque los Republicanos más conservadores quieren “ir a la reelección” y sus seguidores, con ayuda de cierta prensa, no les perdonarían “flaquezas” frente a los inmigrantes ilegales. Los Demócratas, que efectivamente, en conjunto y con matices, estarían de acuerdo con la legalización de los indocumentados, saben bien que será más fácil, obtener adhesiones de los hispanos si ellos tienen como promesa electoral para el 2008, resolver este asunto “porque los Republicanos no lo quisieron hacer”. El juego entre los políticos está, como en cualquier lugar, en los dos lados, cada quien “tirando para su molino”. Al medio, más de 12 millones de seres humanos, cuyas vidas y las de sus familias, dependen de quien gane y quien pierda en el juego electorero.
En esta oportunidad, hay muchísima gente que está a la espera de que la capacidad de persuasión, si todavía le queda al Presidente Bush, ante sus compañeros de partido, funcione. De lo contrario, ni el inusual almuerzo del mandatario estadounidense con los Republicanos en el Capitolio que hoy ha sostenido, ni su insistencia sobre que es la mejor oportunidad para resolver este tema, servirán. Este proyecto, si resucita, será con el próximo Presidente de los Estados Unidos, si es Demócrata.
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