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             Editorial
ALO..... DIEZ?08 de Agosto, 2007
Conocí a Diego Armando Maradona a fines del 2001. Habíamos pactado una entrevista con él, a través de un abogado en Buenos Aires, que había llevado algunos de sus casos, cuando aún lo representaba el controvertido Guillermo Copola, personaje aparte. La idea era hacer un especial mostrando “al Diego”no como jugador sino en su versión más humana. Bastaron esas dos horas para tener muy clara la personalidad del gran astro del fútbol, de todos los tiempos, como dicen algunos.

Habíamos llegado, mi camarógrafo y yo a un hotel pequeño de la ciudad de Buenos Aires. Mi único contacto era el abogado en mención. Quedamos en que alguien nos recogería de una estación de gasolina, cercana a la casa en donde nos encontraríamos con Maradona.

La espera de algunos minutos nos hizo pensar, por un momento que “la estrella argentina” se había arrepentido. En el instante menos pensado aparecía una camioneta BMW espectacular, color oscuro, lunas polarizadas, con un hombre de pelo blanco, con “pinta de play boy”, en actitud cómplice. Bajó la luna, y mi camarógrafo me dijo. “Ese es Copola”. El solo nombre me provoco preocupación. Subimos al lujoso automóvil, en medio de una conversación, digamos forzada. Trató de ser simpático y nos dijo que todo estaba listo para la entrevista.

Al pasar por uno de los barrios, más residenciales de la ciudad me señalo una mansión y me dijo que allí vivía, la no menos famosa Susana Giménez. Llegamos pronto a una casa, no muy grande, parecía deshabitada, con muy pocos muebles y un pequeño jardín, bastante descuidado.

Nos sentamos, quietos a esperar. Cruzábamos miradas ansiosas con mi camarógrafo, hasta que finalmente bajaron dos muchachas, con sonrisas nerviosas, muy jóvenes y segundos más tarde, un Maradona gordo, en pantalones cortos, con el pelo mojado y un vaso gigantesco, dijo el, de Coca -cola, repleto de hielo, también descendía lentamente del segundo piso. Copola, le dio un beso en la mejilla, una especie de “bendición de capo” y la entrevista comenzó.

Al terminar nuestro dialogo de cerca de una hora “el Diego” me había parecido hasta sincero, pero muy desvalido. Dependiente de sus “protectores”, inmaduro y engreído en alguna de sus actitudes, pero necesitado de atención, de mucha atención. Por momentos el poderoso jugador de fútbol, se mostraba desesperadamente inseguro.

Las nuevas apariciones de Maradona con políticos, parecen no ser tan diferentes a esta percepción. Muestran su predilección por personajes “peleados con el sistema” pero que lo defienden, lo quieren, lo engríen, en otras palabras “lo empelotan”como dicen los argentinos. Parece necesitar la sensación del poder transitar “las olas en contra de la corriente, así lo destruyan o pueda terminar muriendo en la orilla.

. Después de Copola, han llegado a su vida “el papa Fidel, el papa Hugo, el hermano Evo, el otro hermano Ollanta . Todos ellos con “su cantata” de luchar contra los Imperios,de cambiar el mundo, pero, eso si, desde la comodidad mas absoluta que el poder y el dinero, por lo menos, el del petróleo de uno de ellos, otorga. Esta semana, bajo el ala de Hugo Chávez, Diego Armando reaparecerá en escena, en el “Alo Presidente” de Hugo Chávez y será feliz.....sintiéndose otra vez “el diez”..
Que es libre de hacer y ser lo que quiera, nadie lo duda pero también es licito preguntarnos si realmente está conciente de cuánto lo están usando? o es que hay a cambio “ un trabajo remunerado por cumplir”?
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