| Agregar a favoritos | Página de inicio


 BUSCAR: INICIO   NEWSLETTER   CONTACTO   MAPA WEB  

              Columnistas
Rigoletto en el Teatro Alejandro Granda 08 Abril, 2008
Rigoletto: Roberto Frontali
Duque: Juan Diego Flórez (debut)
Gilda: Alessandra Marianelli (debut)
Sparafucille: Carlo Malinverno
Magdalena: Josefina Brivio
Monterone: Humberto Zavalaga

Orquesta
Conductor: Michele Mariotti
Dirección: Massimo Gasparón
Escenografía: Massimo Gasparon
Vestuario: Emilio Montero, Massimo Gasparon

En un vestuario tradicional, como podría encontrase en La Scala o cualquier otro teatro, vemos a un Rigoletto, preparándose para la fiesta. Este sale a escena durante el preludio. El telón se levanta y vemos un palacio bastante convincente, con extras y miembros del coro, junto con mujeres que se desplazan por el escenario. El duque entona su “Questa o quella” con el aplauso excesivamente efusivo del público, quien ha ido a ver a su ídolo triunfar en este rol, desde antes que empiece la ópera.

De Juan Diego se dice que es el heredero de Pavarotti, pues él mismo lo nombró su sucesor. Otros críticos y especialistas coinciden, y ahí me uno yo, que es más un heredero del legado de Alfredo Kraus. El tenor canario hizo suyo el repertorio del belcanto, mas algunos líricos. Todo lo contrario a Pavarotti, quien con voz mas gruesa, y timbre y agudos espectaculares, no dudó en meterse al verismo y roles mas dramáticos, llegando hasta cantar un Otello.

El tenor aquí cumple de buena manera su rol, aunque hay dos cosas que me llamaron la atención. La primera, parecía que no dominaba el texto y no había hecho suyo aún el papel, todavía faltaba limar ciertos pasajes, que para mérito del tenor, reformuló y logró sacar de ellos nuevos matices y coloraturas en pasajes ya muy conocidos, y que muchos tenores han hecho suyos. Ahí está el merito de los grandes cantantes, en reformular papeles que como éste, son recontra conocidos, y darles una nueva lectura, y causar entusiasmo con esto. Lo segundo fue que la voz en sí no era la de un Duque al que estemos acostumbrados. Hasta el mismo Kraus tenía un volumen y tamaño mayor en la proyección que la que tiene Flórez, pero eso ya es cuestión de gustos.

En el segundo acto, canta “Parmi veder le lagrime” la cual empieza con un recitativo largo y complicado, y luego el aria, que el tenor canta brillantemente. La cavaletta siguiente es simplemente emocionante, y aquí el tenor no se resiste en recargar cada frase, y lanzar un re sobreagudo que enloquece al público. Mejor estuvieron “La donna e Mobile” y el cuarteto “Bella figlia dell´amore” donde Flórez, se aproxima más que nunca al fraseo y estilo de Kraus. La interpretación de Flórez en su papel dejó a mas de uno satisfecho (aquí no incluyo a los entusiastas que aplauden de pie sin siquiera saber que ópera han visto). Lo digo por el despliegue de agudos que, tenores hoy día no se atreven a hacer. Ese es otro mérito de nuestro tenor, mantener viva la llama del bel canto de otrora, en nuestros tiempos donde hay escasas estrellas en ese repertorio.

Roberto Frontali, quien es una estrella consagrada en los grandes teatros, le dio al Perú el privilegio de verlo en un papel con el que pronto debutará en el MET, y que también llevará a Madrid. Frío al inicio, con agudos secos e inexpresivos, me hizo recordar las críticas que se le hicieron cuando cantó hace poco La Travista en Milán con Angela Gheorghiu. Poco a poco el barítono fue mejorando, pero tuvo algo en contra: la conducción de Mariotti no le permitió destacar en sus momentos clave. Definitivamente la noche era de Flórez.

Marianelli, debutante también en este rol, cumplió un papel correcto como Gilda, pues tenía todos los elementos del personaje, tanto en voz como en apariencia. Su presencia en Lima nos recordó a Ermonela Jaho, joven soprano que vino a Lima hace varios años a cantar Semiramide. Ahora está triunfando en Londres, alternando en el rol de Violetta en “La Traviata”, nada más que con Anna Netrebko. Su “caro nome” no me satifizo enteramente, ni sus momentos dramáticos junto a Rigoletto, pero tiene un buen instrumento que funcionaría mejor en otros roles, como en “Il Turco in Italia” por ejemplo, en el que canta excelentemente. La idea de presentar jóvenes cantantes en sus primeros años de carrera, es ganar experiencia en teatros nuevos y con audiencia virgen, y Lima es una oportunidad interesante.

Malinverno como Sparafucille resultó ser interesante en sus cortas apariciones. Mucho más interesante en el tercer acto que al inicio, en su dueto con Rigoletto.

Josefina Brivio demostró tener cada vez mejor voz, además de una soltura escénica que nuestra diva Jacqueline Terry envidiaría. Muy buena en el Cuarteto del último acto.

Humberto Zavalaga como Monterone estuvo a la altura, y eso demuestra lo buenos que pueden resultar nuestros talentos cuando están rodeados de talento y de exigencias mayores que las que se dan en nuestro medio.

La orquesta y coro sonaron bastante bien. La conducción de Mariotti fue buena en general, pero su interpretación de la ópera no trajo nada nuevo, tuvo cero inspiración en momentos clave, y ninguna intención de apoyar a los cantantes en sus momentos de lucimiento, salvo por Flórez. Su peor momento fue al final del segundo acto, cuando Frontali y Marianelli simplemente se dignan a terminar su escena, con sobreagudos de por medio, pero sin mayor brillo ni trascendencia.

Sobre la dirección escenica y la escenografia. Simplemente atroz. Según se decía, Gasparón tenía una idea muy bien hecha de lo que quería para esta producción. Pues diré que su propuesta fue de las más aburridas que he visto en mucho tiempo (desde que Prolírica presentó su última ópera, para ser precisos). Cero imaginación con las actuaciones, que por momentos parecían de colegio. Lo importante de una buena actuación, es complementar los gestos con la música e historia, pues aquí la dirección de Gasparón restó atractivo a la producción.

Ni que decir de los escenarios. Tras una buena impresión en el primer acto del palacio del duque, pasamos a un telón negro que pretendía suplantar calles oscuras, y luego a backings blancos, que pretendían sorprender al público haciéndole creer que era la casa de Rigoletto. En una producción moderna minimalista lo acepto, pero no había relación entre las columnas, los vestuarios, con eso. Una vergüenza. Básicamente no hubo cambio de escenario, pues las columnas se mantuvieron ahí. Gran ahorro de dinero y de creatividad. Con esto, tendré en cuenta la próxima vez de que si Gasparón es el director, mejor ni voy.

Los vestuarios, simplemente espectaculares. Especialmente el del Duque en el tercer acto, una especie de gato con botas todo en color melocotón. Los protagonistas tuvieron un cuidado especial en esto, más no tanto los extras y roles menores.

Una experiencia que nos deja satisfechos, aunque más pareció haber visto a JDF en recital que una ópera con grandes talentos. Pero para los artistas mejor, Lima todavía es terreno virgen que sirve como laboratorio. Y eso no tiene nada de malo, el Perú lo agradece. No todos los días se dan estrenos mundiales por aquí.
Editorial
YO CUENTO
Archivo titulares



Copyright ® Todos los derechos reservados / All rights reserved
monicadelta.com - Versión 2.0 Lima Perú 2007