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Jueves 16 de marzo, amanecía en Bagdad, yo con la carga de un año más de vida, y la ciudad, con el estruendoso sonido de decenas de helicópteros que, por estrategia militar, siempre vuelan en pareja para cuidar la retaguardia ante un eventual ataque, que me sorprendió y sobresaltó más de la cuenta, por el movimiento inusual que no había percibido en los días anteriores de nuestra estadía en Irak, pese a los peligrosos lugares por los que habíamos transitado.
Para nada, en nuestro último día en la zona de guerra, habíamos imaginado que Estados Unidos desplazaba 1.500 soldados y unidades aéreas en una operación que después sólo se compararía con la misma invasión a Irak en marzo de 2003. Se cumplían tres años de la presencia estadounidense y del inicio de la aparatosa caída de Saddam Hussein con este “ruidoso” despliegue militar denominado “Enjambre”.
El bien y el mal
Irak ha sido una experiencia compleja, difícil de entender pero inolvidable. Por un lado, las explosiones diarias, carros y hombres-bomba, matando y mutilando inocentes, niños, adultos, civiles, militares estadounidenses e iraquíes, morteros a medianoche, armas hasta en las habitaciones, comedores y servicios higiénicos –que en algunos casos de limpios no tenían nada-, constantes encuentros con cuerpos mutilados y calcinados, temor, mucho temor, ansiedad; en fin, todo lo que una guerra envuelve.
Al otro lado, la convivencia, el esfuerzo por la tolerancia cultural, sonrisas de bienvenida, bromas de humor negro, pero en cada situación también eres testigo de muestras increíbles de solidaridad y camaradería. El bien y el mal de la mano en todas partes, peleando permanentemente dentro de cada uno de los seres humanos protagonistas de cada una de las batallas.
Irónica dinámica que encuentras hasta en las cosas más ridículas, mientras tratas de ganarle a la muerte un minuto más de vida, puedes encontrarte hasta con situaciones jocosas como constatamos cuando transitábamos en un jeep blindado, dentro del llamado Campo Victoria en la zona verde de Bagdad, donde funciona una de las bases militares estadounidenses. Una curiosa señal en medio del afirmado captó la atención de todos nosotros: “Caution, dusty zone” (“precaución, zona polvorienta”); nos echamos a reír pues la verdad es que si hay algo de lo que no te puedes escapar en ningún momento en Irak es tener la sensación de estar completamente cubierto de tierra y arena. Sin embargo, quizás los responsables de ponerlo puedan haber intentado mostrar una esperanza en que el futuro será un poquito más auspicioso, civilizado y saludable para los habitantes permanentes y para los inquilinos invasores.
Grandes palacetes
Otra enorme contradicción, que no provoca reír sino mas bien rabia, es la presencia muda de los gigantescos palacios y monumentos que un megalómano como Saddam Hussein construyó en su honor y para los placeres de sus familiares y amigos. Hoy esos palacetes, rodeados de lagos artificiales con enormes peces, levantados mientras la población moría de sed en medio del desierto, sin electricidad, sin servicios de agua potable y alcantarillado, han sido convertidos en oficinas operativas y gubernamentales de la Administración estadounidense, lo que imaginamos es una razón más de la amargura y el odio del otrora dictador.
Saddam Hussein solía mandar construir estas estructuras grandilocuentes –que además, demuestran que jamás tuvo el don del refinamiento y el gusto-, para recalcar con soberbia su poder. Quienes lo conocieron dicen que hasta sus allegados sentían miedo de no complacerlo hasta en los mínimos detalles, de allí el rumor permanente , y hasta ahora comentado, de si en verdad hay cuerpos yaciendo debajo de estas aparentemente apacibles aguas de las lagunas circundantes.
Muy cerca de donde nos hospedamos, la última noche en Irak, se encuentra el Palacio Al Faw, construido a finales de los ‘80, para satisfacer los bajos instintos de sus hijos (el peor de ellos Uday, quien murió durante el ataque estadounidense), con muchachitas vírgenes que en ocasiones eran raptadas de sus propias casas.
Cuando nos alejamos un poco de estas inmensas construcciones y nos trasladamos a la zona roja, donde realmente vive la inmensa mayoría, en medio de zozobra y miedo, donde nadie garantiza ninguna seguridad, todo parece detenido en el tiempo y la pobreza te golpea con fuerza, sobre todo los esfuerzos de supervivencia que las mujeres iraquíes hacen, sin mayores derechos e igualdades, por darles de comer a sus hijos y a sus esposos si “ellos” tienen la suerte de volver.
Lejos de la realidad
Uno de los oficiales del ejército estadounidense nos comentó con ironía sobre eventuales visitas de los políticos. “Ellos se quedan en la zona verde, llamada zona internacional, y desde allí es imposible ver la realidad de Bagdad”. Por supuesto no fue necesario insistir en el comentario, revelaba que la política anda lejos de saber exactamente lo que ahí está pasando. Irak no sólo son muertos, es vida también y “puede ser esperanza si se persevera en la misión”, dijo un General de tres estrellas convencido que esto tomará mucho, mucho tiempo.
Si hay que ser justos en esta historia, lo que pudimos constatar en nuestra visita a Irak es que el mundo está recibiendo sólo parte de las historias. Para nadie es un secreto –y creo que pocos lo dudan- que las razones que esbozó el Presidente George W. Bush para invadir y derrocar a Hussein no fueron ciertas o por lo menos estuvieron basadas en medias verdades, que al final son mentiras. También es cierto y bueno que en el mundo no debe haber lugar para dictaduras y dictadores, pero además es igualmente verdad y constatable que si Estados Unidos, tres años después de la invasión, le retira a Irak el soporte logístico y militar, este país –ubicado entre los legendarios ríos Eufrates y Tigris, que constituía la antigua Mesopotamia-, no tendrá ninguna esperanza y solo seguirá corriendo sangre por los siglos de los siglos.
La Administración Bush apostó por una guerra corta inicialmente, hoy tendrá que seguir tomando valeriana en lo que resta de su gobierno y deberá asumir las consecuencias políticas ante su país, además de asimilar las encuestas que cada vez son más dolorosas y adversas para este gobierno.
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